martes, 15 de julio de 2025

Delirio Final

Pues vamos a ello:


Y tras esta breve y tan llena de significado y belleza intuitiva introducción, comenzaré por revelar los secretos de mi más reciente personalidad…


Todo comenzó cuando me adentré en el bosque más frondoso del universo. Del universo y no como el entendido comúnmente, sino del universo vegetal, entendido como uno en esencia.

Siendo enana, sin apenas tener nociones básicas de aquel mundo, puse mi primer pie en la flora.

Tenía miedo de pisar alguna belleza peculiar escasa, quizás en peligro de extinción… pero ellas mismas me señalaron el camino.


– Tras una leve intervención externa, factores que embellecen el camino, seguimos con la revelación de lauski… –


Fue en aquel momento de apertura visible y clara de la última parada en la que me hallaría que me dispuse a comenzar el viaje en aquel bello sendero.


A mi derecha había árboles repletos de florecitas, hermosas y brillantes en su propia fragancia. A mi izquierda miles de setitas comunicándose y dándose amor como nunca había sido entendido en el mundo del que procedía (llamado precisamente… TIERRA)


Entendí que aquella forma de amar, de brillar y de sentir era la que quería, la que tenía destinada a vivir.


Tras mis pasos, inexplicablemente de manera racional, las plantas volvían a cerrar el sendero por el que estaba caminando, dejando atrás miles de sensaciones y experiencias sensoriales inéditas.


Volviendo la mirada hacia delante, hacia el final de aquel corto pero repleto de sensaciones sendero, descubrí que no era mi objetivo el preocuparme por el final, simplemente disfrutar de mi alrededor, simplemente seguir los pasos que aquella flora me había facilitado.


Seguí el sendero, paso a paso, observando, captando toda la información que me daban. Capaces eran aquellos seres de susurrarme, a veces gritarme y otras dormirme, siendo estas siestas las más placenteras experimentadas. 

Entre susurros había caricias, consuelos, AMOR, experiencias, relaciones y rupturas, además de (- me pareció a veces escuchar-), dolor. Esos últimos susurros eran los más crueles, graves, los más tenebrosos y oscuros que aquel bello mundo traía para mi.

Pero a pesar de aquellos tenebrosos susurros, estaban aquellas notas aguditas, bonitas, brillantes y destellantes. A ellas me aferré durante todo el viaje, añadiéndolas en la cestita de vivencias colgadas de un hilito en mi interior.


Era curioso, porque aquellas notas seguían coreando dentro de mi, aquellos bellos soniditos…


Estas notas eran susurros sensoriales, las caricias de las bellas almas que en el mundo terrenal (a su misma vez) me estaban penetrando en lo más profundo de mi SER.

Los consuelos de habitantes atemporales (modo Bowie) que me facilitaban el camino a mi delirio actual. Estos consuelos apaciguaban las voces graves, más oscuras, a la vez que sincronizaban las notas más aguditas que, a veces, se volvían demasiado protagonistas en el peregrinaje.


El amor, el taaaan buscado amor que se reveló ante mi en tantas paradas durante el viaje…

Me enseñó tantísimo aquel frondoso universo sobre el amor, que ni con palabras (terrenales) soy capaz de reflejarlo.

Quisiera que fueran ustedes propios los que protagonizárais algún universo paralelo al protagonizado, en este caso, por mi, para que de verdad entendiérais la revelación que se nos facilita a estos peregrinos. 

[Igual con alternativas de meditación se puede llegar a ese nivel de conciencia sensorial, igual tenéis el empoderamiento suficiente para hacerlo sin externas metodologías. Igual con mi misma metodología podéis abriros paso ante ese sendero prohibido…]


Además de aquellas notas graves y agudas descritas ecuazmente, también había algunas notas “estándares” que a menudo confundía con sonidos del mundo terrenal. A aquellas notas no conseguí aferrarme, quizás eran algo más pesadas que las anteriores y las tenía, por ello, tan relacionadas con mi planeta natal. Por lo que me dispuse a continuar sin atarme a ellas y enzarzarlas en mi espectro sensitivo.


Entre las experiencias (notas) hubo también carencias, sensaciones de anhelo por desfallecimiento de flores que se veían tan vivas, pero tan vivas antes de desvanecer…


– Sabes a qué me refiero aquí?: Noo.

Las flores a menudo las consideraré personas.

Las notas son susurros de las personas, que me enseñan diferentes maneras de sentir y yo de ahí interpretar (que forman las experiencias que vivo). Aaah valeee.

El sendero es mientras viajo con la yerba. chiii.

El delirio será el final, en el que me cierro a seguir emergiendo en el “bosque”., Clarooo


Además de carencias, también hubo fracasos. Estos fracasos eran causa de mi avaricia, avaricia por querer (des)garrar plantitas que no estaban aún en su flor, en su momento de inhalación. 

Por no olvidar las apariciones de la llamada (lealtad relacional) que tantas notas (experiencias) revelaban en su armonía. 

Esta era entendida (por mi) como la capacidad de una persona de entregarse y “cerrarse” a otra con el objetivo de hacer de dos personas, una sola. Entendida en su definición opuesta como la incapacidad de una persona a entregarse solo y exclusivamente a una persona teniendo, por ende, la capacidad de sentir y entregarse a los demás de manera incondicional.

Creo que tras ser definido este término me sentí claramente identificada con el término vulgar y discriminatorio: Infiel / Desleal. Porque al parecer, pocas maneras de amar son consideradas válidas o “creíbles” en el mundo terrenal. Fue en estas “mini-revelaciones” que forjaba la identidad que sostengo hoy día.


A parte de todas estas experiencias también hubo momentos de euforia, desentendimiento con la identidad ya forjada anteriormente, momentos de incredulidad por continuar el viaje, sin saber si aquel mundo podía ser producto de mi imaginación y no lo real (como lo es entendido hoy día por la sociedad actual en el mundo terrenal).


Consejos fueron los que comenzaron a cerrar el bosque, y apaciguar poco a poco las notas tan vivas y coreantes que se habían revelado durante el trayecto.


La última nota de la melodía fue cruel, diría que la más oscura captada en la Quinta Sinfonía de Beethoven. Tras ella el bosque comenzó a desaparecer fugazmente, como estrella en cielo que parece no querer saber de la Tierra y aparece por menos que dura un pestañeo.


La presencia del mundo terrenal comenzó a volver, desvelando de nuevo los secretos más oscuros de mi anterior entendimiento vital y en el transcurso de este modificado y embellecido viaje terrenal me encuentro, recordando, hoy día, el leve susurro de la melodía que sonaba durante aquel hermoso, lúcido y sensorial viaje vegetal. 

- Exhalo de delirio -

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